BEATS-IGIOS FROM MADRID – EL DOCUMENTAL CLUBBING DE MADRID

BEATS-IGIOS FROM MADRID – EL DOCUMENTAL CLUBBING DE MADRID

“Mira hijo, ¿ves todo aquello de allí?”… “si papá, todo aquello seguro que fue campo”… “no no, te equivocas. Todo aquello de allí fueron clubs y salas de techno…que digo techno, musicón”

Así es como se siente uno tras visualizar el documental, BEATS FROM MADRID. Se siente tan mayor como mi padre cuando me llevaba al extrarradio (allá por los 80) a intentar hacer algo de deporte y decirme que aquel polígono de allí no estaba hace 10 años. Y, casualidades de la vida, 10 años después estaba el que suscribe en ese polígono cerrando un garito y abriendo otro, por ejemplo; Voltereta.

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Voltereta es la gran olvidada en este documental como otras tantas salas que todos ya sabemos. Ellas y sus djs, residentes y asiduos. Con lo que podríamos cambiar de nuevo el título del documental y llamarlo… The bigs forgotten ”. Como los grandes olvidados de la gala de los Oscars.

Y si, el llegar a esta conclusión se debe al pasar de la excitación por ver un reportaje serio, documentado, sosegado de la segunda época más importante de la escena nocturna madrileña tras la movida, la cual tuve la enorme suerte de vivir, para luego llevarme un fiasco monumental y no parar de repetirme, “ya?!…y el resto?!” . Vamos, un coitus interruptus en toda regla.

Con lo que debo decir que, afortunadamente, disfruté de los mejores años de la escena electrónica madrileña y, por ende, nacional. De salir sin problemas de lunes a domingo y tener, cada noche, al menos un garito en el que poder escuchar techno, minimal, house y hasta progressive (si tenía ganas de pegar botes como un condenado). Que tuve la enorme suerte de patearme las calles del barrio de Malasaña, de tienda en tienda de vinilos y coincidir con los residentes de los clubs de la zona, los cuales, unas horas después pondrían esos mismos discos que yo compraba. Pero esa suerte no se quedaba ahí, seguía por la noche cuando, prácticamente, podías entrar a la cabina del Soma o del Yas´ta y dar la mano a Oscar Mulero o Dave Clarke, porque aquella época fue la época cercana y humana de lo que ahora es un gran negocio.

Por ello digo que me ha decepcionado en parte ya que esto no lo han logrado transmitir del todo y sobretodo es porque se han dejado a muchos de lado, quizás los más importantes de la época. Echas de menos a artistas como Mulero, Varela, Pepo, Muerto o Makoki sin desmerecer a los Elesbaan, JLMagoya o Pelacha (que fueron otros grandes iconos de aquellos años), ya sea la anteriormente nombrada Voltereta, como Liquid, Groove o el mítico Vanvas. 

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Pueden agarrarse a excusas de que el metraje no te permite meter a todos, que no se puede hablar tanto del pasado o que alguno de estos protagonistas no han querido participar. Pero denme el beneficio de la duda ya que la escena madrileña de finales del siglo pasado y principios de este no se entiende sin los citados más arriba. Ellos hicieron grande la música electrónica y si no hubiera sido por ellos, que nacionalizaron lo que más sonaba en Europa como, a su vez, internacionalizaron tanto a ellos mismos como la escena electrónica del país.

Por eso no entiendo la ausencia de los que más saben de esto. De los que lo dieron todo, quizás sin querer, porque esta música dejara de ser un “ruido machacón” para convertirse en un estilo musical con el mismo valor que cualquier otro. Quizás les dejaron de lado porque son los que mejor explicarían el por qué del declive de la música electrónica en la capital de España.

Dicho lo cual empecemos a desgranar el reportaje diciendo, previamente, que es una autentica pena que el mensaje que quería transmitir se haya diluido en una mala concepción del documental y en una no muy acertada elección de los protagonistas, ante los que uno no tiene nada en contra, dicho sea de paso.

Al diluirse el mensaje principal, que imagino que es el resurgir de la escena techno en Madrid, aparece otro que no tiene nada que ver con lo que se buscaba en un principio, explicar qué es la música electrónica.

No podemos seguir, en pleno siglo XXI, intentando explicar lo maravillosa que es la música electrónica, lo conceptual y lo ecléctica que es. Eso vale para los años 90 pero no para ahora. Nosotros, tanto los “clubbers del año 2000”, los “ravers de los 90”, los promotores de grandes festivales, los chavales que vienen pisando fuerte, los djs que se quedaron en los vinilos como los que no pueden separarse de su mac, todos nosotros, no podemos seguir excusándonos por apreciar algo que el resto considera ruido. Así como nosotros no podemos seguir intentando explicar al mundo que la música electrónica tiene mensaje, sentimiento, fuerza y poder reivindicativo. Creo que de eso ya nos encargamos los de mi generación y si los de ahora siguen con la misma retahíla es que o nosotros, los antiguos, lo explicamos muy mal o que la sociedad española en general y madrileña en particular no lo acepta como tal. Pero es algo que debemos dejarlo ahí porque, sinceramente, no lo vamos a poder cambiar nunca y menos, si seguimos utilizando frases o discursos como, “esta música la siguen asociando a alcohol, drogas y desenfreno”. Y menos decirlo sentado en una mesa con una barra detrás llena de cervezas de la marca “Desperados”.

Si no cuidamos esos detalles, qué no cuidaremos en nuestros círculos particulares. Es ahí donde el mensaje pierde todo tipo de credibilidad por culpa del mensajero. Seguimos que aquí no se acaba todo…aun queda mucha ropa que planchar.

¿No habéis notado un cierto acomplejamiento por parte realizador y los protagonistas?

Primero, en lo comentado anteriormente. No se puede defender un estilo de música o de vida de la forma que se ha hecho. ¿O a caso veis a los heavys dicendo a diestro y siniestro que el heavy no es ruido, que es arte escuchar o Eddie Van Halen o a Ozzy Osbourne? Esa fase ya la pasaron y nosotros debemos hacerlo ya porque estoy seguro que en Berlin, Amsterdam o Londres no lo hacen con lo que aquí tampoco debemos hacerlo.

Segundo. La escena madrileña no debe seguir comparándose con la escena de la ciudad condal. NO. Ese sentimiento de inferioridad lo debemos cambiar por admiración. Todos sabemos que las comparaciones son odiosas y dependiendo de quien provenga nos pueden hacer hasta quedar peor y aquí eso está ocurriendo.

No podemos comparar el festival Klubbers con el Sónar o Monegros, por el amor de dios. Aquí pasamos de estar acomplejados a creernos los reyes del mambo (y lo dice uno que fue a unos cuantos Klubbers y se lo pasó muy bien gracias a mis amigos, los djs y la organización). Así como un residente de Fabrik no puede reclamar un Sónar en Madrid con la excusa del dinero que puede aportar a la ciudad. Eso todos lo sabemos pero esa persona no es la más indicada para pedir un festival, que arrancó con un aire alternativo y que aun lo quiere mantener, en Madrid. Algo así no puede surgir de las ideas de un promotor o de los residentes de una macrodiscoteca, eso debe surgir de más abajo, del interior y el corazón de la ciudad y, aunque no lo creáis, sale solo si la ciudad lo quiere. Si se provoca será un fiasco como tantos pequeños festivales que se han querido organizar en Madrid y alrededores, que al final acaban anulándose en el último momento o, peor aun, en descampados y campos de futbol de ciudades dormitorio.

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Tercero. La escena electrónica madrileña entró en declive por factores tan múltiples como la ley antitabaco, la difícil insonorización de los locales o la falta de zonas habilitadas en la ciudad para ello. Con lo que sacamos la conclusión que en otras ciudades se puede fumar dentro de unos locales en los que sus dueños se han rascado la cartera y lo han insonorizado a base de bien.

Por favor, no se puede echar la culpa a otros de los fallos de uno. Madrid no se renovó, no arriesgó como en los años 90, se fue a lo fácil, al dinero rápido, se rindió hacia los cánones de una sociedad pobre tanto cultural como económicamente, entró en las batallas típicas de los pueblos, a robarse artistas unos a otros, a llevarse bien con unos políticos (unos pocos) para favorecer sus eventos, festivales o locales en detrimento de otros que querían hacer cosas más normales y más llanas. El sector capituló ante un gobierno municipal que primó tener una Gran Vía llena de multinacionales de textil antes que con cines, teatros o salas de fiestas, de lo que se deduce que poco interés tenía por la cultura en general y menos aun por la cultura electrónica en particular. Y este último punto es difícil de superarlo y solventarlo pero ahora hay un cambio de gobierno y deben aprovecharlo. No sabemos si serán mejores o peores pero son distintos con lo que deben, si tanto aman esta música, intentarlo y ahondar en las inquietudes del público y llegar lo más lejos posible pero sin dejar de lado a nadie que es justo lo que ha hecho este reportaje.

Madrid no es solo la capital. Madrid son decenas de ciudades que ansían tener su pequeña parcela en la escena electrónica. Ciudades que quieren dejar de ser el sector “macrodiscotequero-poligonero” para convertirse en una rama más de este árbol.

Madrid no debe pensar solo en la noche, debe pensar en el día. Si te ponen impedimentos para cerrar a una hora determinada, abre tu horario, sé flexible, adáptate a los nuevos horarios de la sociedad. Abre parques, abre plazas, busca otros lugares alternativos para que llegue ya no solo a un publico joven, intenta llegar también a esos “clubbers” que son padres de familia para que vayan con sus hijos y les explique lo bonita que es esta concepción de la vida.

En definitiva, fuera complejos, a reinventarse por enésima vez y a buscar la tercera movida madrileña. Que el mensaje no se diluya por culpa de los mensajeros.

Y gracias por este reportaje porque, aunque no haya sido muy acertado (al menos a mi humilde parecer), es muy importante que haya documentos como este para dar el valor que se merece a la escena y música electrónica.

Felipe Gonzalez / Fiesta&Bullshit.

 

 

 

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