TIME LOST:

JOSEPH CAPRIATI: IBIZA, EVOLUCIÓN Y LEGADO.

Joseph, muchas gracias por estar con Fiesta&Bullshit. ¿Cuándo fue la primera vez que viste Dalt Vila en persona? ¿Qué recuerdas de aquel momento?

La primera vez que vi Dalt Vila fue en 2008 cuando llegué a la isla y me acuerdo que me vino a recoger al aeropuerto Mauro Picotto y me llevó al Hotel Corso, que era mi alojamiento en Ibiza y desde ahí vi Dalt Vila. En ese momento venía a pinchar en Meganite, la fiesta de Mauro, en el Cocoloco de Privilege, entonces me quedé solo una noche en Ibiza esa vez.

¿Quién era «Prince J»? ¿Con qué soñaba aquel chico? ¿Qué imaginaba que sería su vida dentro de la música?

Prince J… ante todo, yo me llamaba Dj Jampa, este fue mi primer nombre de dj, porque escuché en la radio un vocalist que se llamaba así y decidí llevar este nombre. Después de esto, cuando tenía 17 años vino Prince J.

Prince, viene de cuando era pequeño ya que mis amigos de pequeño me llamaban ‘principito’ un niño que soñaba con los ojos abiertos y efectivamente me acuerdo que grababa los temas de la radio que me gustaban, curiosamente de la radio local que se llamaba Radio Ibiza, y que transmitía en todo Nápoles, Campania entera; radio que sigue existiendo a día de hoy.

De ahí tenía este Hi-Fi de casa donde grababa los temas de la radio en formato cassette y entonces ponía estos temas con el volumen muy alto cuando me iba a duchar, cerraba los ojos y me imaginaba que tocaba estos tracks delante de un público enorme. Y esto era Prince J, un niño que soñaba mucho.

Pienso que este niño sigue en mí ya que me emociono siempre que pasa algo bonito y me emociono cada noche que pasa algo mágico.

Nápoles ha sido cuna de artistas que han influido en la escena electrónica mundial: Marco Carola, Gaetano Parisio, Rino Cerrone… ¿Qué aprendiste de ellos durante tus primeros años?

Yo siempre pienso que he tenido muchísima suerte, es un privilegio haber tenido esta gran conexión con el techno napoletano. Yo vengo de Caserta que está a 20 mins de Nápoles pero de ahí la música techno de Nápoles me ha cambiado la vida.

Descubrí el techno con 16 años y justo estaba pinchando Rino Cerrone, yo antes solo pinchaba house, y desde ese día algo hizo click y me cambió la visión de lo que la música era para mí. Además Rino Cerrone, era un visionario, ha hecho música para que ha perdurado en la historia incluso sin saber lo que estaba haciendo, era una música pinchada, rápida, pero era un techno con mucho groove, entonces no era extremo, no era un techno duro, era como un house, había influencia de house dentro de estos beats y de estos grooves que efectivamente me llamaban mucho la atención. Era muy funky, que hacía bailar mucho.

Con Rino he tenido una relación muy especial. Junto a Markantonio, han sido mis mentores desde el principio. De hecho, cuando entraba en una cabina y veía a Rino pinchar, me emocionaba. Él y Markantonio han sido mis padrinos musicales; me enseñaron prácticamente todo lo que necesitaba aprender.

Más adelante llegaron otras grandes figuras como Gaetano Parisio y Marco Carola, con quienes también desarrollé una conexión importante, pero eso ocurrió después. Durante mis primeros años pasé muchísimo tiempo con Rino, y una de las cosas más valiosas que aprendí a su lado fue el sentido de comunidad.

En aquella época, en Nápoles, todos estos grandes productores se conocían entre sí. Cada uno tenía su estudio, pero colaboraban constantemente, hacían música juntos y se reunían en las casas de unos y otros. Existía una auténtica comunidad de artistas que representaba la escena techno napolitana, una escena que con el tiempo acabaría teniendo un impacto enormeen todo el mundo.

Hoy en día quizá ya no exista esa unión de la misma manera que entonces, pero la leyenda sigue viva y continúa vibrando en el corazón de mucha gente. Aquellos artistas crearon algo verdaderamente extraordinario en una época irrepetible, y yo sigo llevando ese legado dentro de mí.

Por eso siento un profundo respeto por lo que hago y por la forma en que lo hago. Ese espíritu sigue acompañándome cada vez que me acerco a la música.

Tu primera experiencia en Ibiza fue acompañando a Mauro Picotto, uno de los DJs más influyentes de aquella época. ¿Qué recuerdas de aquel viaje y qué impacto tuvo en ti?

En realidad no sabía exactamente cómo era Ibiza. Algunos amigos míos, que ya tenían la posibilidad económica de viajar, venían a la isla en 2004 y 2005. Recuerdo que me escribían por MSN Messenger y me contaban todo lo que estaba pasando aquí. Me decían: “Tienes que ver esto, anoche pasó algo increíble en Amnesia” o “en DC10 ocurrió esto o aquello”.

Me hablaban de los artistas, de las fiestas, de la energía que se respiraba en la isla. Yo tenía unas ganas enormes de vivirlo en persona, pero en aquel momento no tenía la oportunidad. No tenía dinero para viajar y todo aquello parecía muy lejano.

Luego, en 2006, salió mi primer disco y ahí entendí que algo importante estaba ocurriendo. Richie Hawtin pinchaba mis temas, Marco Carola pinchaba mis temas, y eran precisamente mis amigos quienes me enviaban mensajes para contarme que estos artistas estaban tocando mi música en Ibiza. Fue entonces cuando empecé a darme cuenta de que mi música estaba llegando mucho más lejos de lo que imaginaba.

La primera vez que llegué a la isla fue una emoción inmensa. Y nunca olvidaré lo que Mauro Picotto hizo por mí. Yo no era nadie aquí, nadie me conocía, y aun así me dio una oportunidad. Gracias a él pude pinchar en Cocoloco dos veces, en 2008 y en 2009. En aquel momento todavía no había comprendido realmente la esencia y la energía de Ibiza.

Aún no entendía del todo la magia de esta isla. Pero aquellos primeros pasos fueron algo absolutamente especial para mí. Fue un momento mágico que jamás olvidaré.

Ibiza siempre ha tenido una relación especial con el techno, aunque no siempre ha sido fácil para este género encontrar su espacio en la isla. ¿En qué momento entendiste que Ibiza iba a ser una pieza fundamental en tu carrera?

Cuando llegué a Ibiza en 2008, mi sonido era muy diferente al que hago hoy. En aquella época pinchaba un techno más influenciado por el sonido minimal y el groove napolitano, algo que estaba muy conectado con mis raíces y con la escena en la que había crecido musicalmente.

Con el paso de los años empecé a viajar cada vez más. En 2012 ya estaba recorriendo Europa y otras partes del mundo, y mi música también estaba evolucionando. Mi sonido se fue acercando a un techno más contundente, pero seguía sintiendo que había algo dentro de mí que aún no había terminado de expresarse. Fue precisamente cuando llegué a Amnesia en 2012 cuando todo cambió. Allí entendí que había una parte de mi identidad artística que simplemente estaba esperando el contexto y la motivación adecuados para salir a la luz. Descubrí una mezcla muy personal entre el groove del techno, los sonidos minimalistas y ciertas influencias house que siempre habían formado parte de mí.

En ese momento encontré realmente mi lenguaje musical. Entendí que no tenía que elegir entre una cosa u otra, porque lo que me apasionaba era precisamente la combinación de ambas. Esa fusión se convirtió en mi identidad y en la base de todo lo que sigo haciendo hoy. Por eso, desde entonces, me entregué por completo a ese camino. Y puedo decir que fue a partir de Amnesia, desde el momento en que empecé a pinchar allí, cuando mi carrera dio un giro definitivo. Ahí empezó a cambiar absolutamente todo para mí.

Muchos artistas han tenido que adaptar su sonido cuando llegaban a Ibiza: menos BPM, grooves más frescos, sesiones más abiertas. ¿Cómo encontraste el equilibrio entre mantener tu identidad y conectar con el público de la isla?

Mi identidad musical nace precisamente de ahí. Yo venía de la escuela del techno funky napolitano, de Rino y de todos los artistas que formaban parte de aquella escena. Pero ese sonido nunca fue un techno duro en el sentido más estricto; siempre estuvo influenciado por el house, por el groove y por una cierta sensibilidad musical que iba más allá de las etiquetas. Por eso, cuando llegué a Ibiza, no sentí que tuviera que adaptarme a nada. Fue algo mucho más natural. Con el tiempo entendí que aquello que encontraba en la isla ya estaba, de alguna manera, dentro de mí. Era una forma de vivir la música que reconocía como propia.

Lo percibía a través de emociones muy profundas, de sensaciones y vibraciones difíciles de explicar con palabras. Era algo que sentía en la sangre. Por eso nunca pensé en términos de adaptación. Lo que hice fue escuchar.
Escuché la llamada de la isla, escuché su vibración y sentí que también era la mía. A partir de ahí comenzó un proceso muy largo de crecimiento, evolución y búsqueda. Evidentemente, mi sonido se ha ido transformando con los años hasta llegar a lo que es hoy, pero siempre ha existido un hilo conductor que conecta todas las etapas de mi camino.

He entregado todo de mí para comprender y escuchar el alma de Ibiza. Y, de alguna manera, al hacerlo, también he encontrado la mía.

Durante años, una residencia en Ibiza era el máximo objetivo para cualquier DJ. Tú has vivido esa evolución desde dentro. ¿Sigue teniendo hoy el mismo valor que tenía cuando empezaste?

Para mí, tener una residencia en Ibiza significa sentirme en casa. Después de todos estos años, sigo teniendo la misma visión y el mismo respeto por la isla que tenía cuando llegué por primera vez. No es casualidad que mi residencia esté en Amnesia. La considero mi hogar, un lugar donde me siento cómodo, libre y plenamente conectado con lo que hago. Es un espacio que forma parte de mi historia y de mi evolución artística.

También hay otros lugares de la isla que me encantan y donde siempre me siento muy a gusto. Ibiza tiene una riqueza única, con diferentes energías, diferentes públicos y una enorme diversidad de propuestas musicales. Esa versatilidad es una de las cosas que más me fascinan de la isla. Pero cuando tienes una residencia, necesitas sentir que estás exactamente donde tu corazón quiere estar. Necesitas sentir una conexión auténtica con el lugar, con su gente y con la energía que se crea cada semana. Y la verdad es que ahora mismo siento eso más que nunca. Siento que estoy en el lugar correcto, haciendo lo que amo, en un entorno que considero mi casa. Y para un artista, no hay nada más valioso que esa sensación.

Hace un año, Ocean Drive Ibiza decidió bautizar una de sus suites con tu nombre. ¿Qué significó para ti recibir un reconocimiento tan especial en una isla que ha sido tan importante en tu historia?

La verdad es que no tengo palabras para describir la emoción que sentí cuando supe que tendría una habitación con mi nombre en Ocean Drive. Para quien no pueda entenderlo desde fuera, siempre digo que para mí es algo comparable a tener una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. Puede parecer una comparaciónexagerada, pero no lo es. Ocean Drive es un lugar icónico dentro de la historia de Ibiza y de la cultura electrónica de la isla.

Recuerdo perfectamente mi primera vez en Ibiza. Me alojaba en un hotel cercano y, paseando por la zona, Mauro Picotto me señaló Ocean Drive y me dijo: “Ahí es donde se alojan los DJs más importantes. Es el hotel más emblemático de todos”.

Nunca olvidaré aquel momento. Recuerdo caminar por delante del hotel y ver cómo Danny Tenaglia salía al balcón de su habitación mientras algunos fans lo saludaban desde abajo. Para mí, que acababa de llegar a Ibiza y soñaba con formar parte de ese mundo, fue una imagen impresionante. Una de esas escenas que se quedan grabadas para siempre en la memoria. Por eso, tantos años después, tener una habitación con mi nombre en ese mismo lugar es algo que no tiene precio.

Es un reconocimiento que va mucho más allá de lo profesional; tiene un enorme valor emocional para mí. Estoy profundamente agradecido a todo el equipo de Ocean Drive por haberme concedido este honor. Y además hay algo que me emociona especialmente: pensar en todas las historias que habrán pasado entre esas paredes, en todos los artistas, encuentros y momentos que forman parte de la historia de Ibiza. Cuando pienso en ello, siento una conexión muy profunda con todo lo que representa este lugar. Por eso, para mí, es un honor inmenso y algo que llevaré siempre conmigo.

A lo largo de tu carrera nunca has tenido miedo de evolucionar. Mirando atrás, ¿cuál ha sido el cambio artístico más difícil de asumir?

Probablemente, el cambio artístico más difícil que he tenido que asumir en toda mi carrera fue el que viví cuando llegué a Ibiza y empecé a conectar profundamente con la energía de la isla. En aquel momento yo estaba completamente enfocado en el techno. Publicaba música en sellos como Drumcode y CLR, actuaba en algunos de los festivales y eventos más importantes de la escena y gran parte del público que me seguía desconocía mis raíces musicales. No sabían que antes del techno ya existía en mí una fuerte influencia del house, del minimal y del sonido funky napolitano con el que había crecido.

Por eso, cuando empecé a mostrar esa otra faceta en determinados sets y eventos, mucha gente se sorprendió. Y no voy a ocultar que fue una etapa difícil. Algunos seguidores no entendían la dirección que estaba tomando y llegaron comentarios muy duros. Recuerdo leer que me llamaban “vendido”, y esa palabra me hacía mucho daño. Porque, sinceramente, nunca he tomado decisiones musicales por dinero. Para mí, la música siempre ha sido una cuestión de pasión, de identidad y de verdad. Por eso, cuando alguien cuestionaba eso, lo sentía como un golpe directo al corazón.

Hubo un momento muy importante que me ayudó a superar esa etapa. Estaba en Australia, en casa de Carl Cox. Recuerdo perfectamente aquella conversación. Me habló con una cercanía casi paternal y me dijo: “Joseph, no escuches ese ruido. No leas esos comentarios. Tu carrera es una carrera de largo recorrido. Concéntrate en hacer la música en la que crees y, con el tiempo, la gente entenderá que lo haces desde el corazón. Verás cómo acabarás consolidándote como un artista versátil.”

Aquellas palabras me emocionaron profundamente. Lo abracé y le di las gracias, porque en ese momento necesitaba escuchar exactamente eso. Y el tiempo terminó dándole la razón. Con los años, muchas personas empezaron a comprender mejor mi visión artística. Incluso algunos seguidores que escuchaban exclusivamente techno comenzaron a abrirse a otros sonidos y a entender la riqueza que existe en la diversidad musical. Por supuesto, es imposible gustarle a todo el mundo. Siempre habrá personas que prefieran una versión concreta de ti o que no compartan determinadas decisiones. Pero eso forma parte del camino.

Yo nunca he hecho música para agradar a todos. Mi responsabilidad es ser honesto conmigo mismo y con mi visión artística. Escucho la música desde dentro y así es como la comparto con el mundo. Tengo muy claro qué tipo de DJ y qué tipo de artista quiero ser. Quiero seguir siendo un músico versátil, sin límites creativos, libre para explorar diferentes géneros y diferentes emociones. Porque la música, para mí, no entiende de fronteras. Y precisamente por eso, también a nivel de producción, estoy trabajando en proyectos muy importantes para 2027 que reflejarán todavía más esta visión. Será una nueva etapa, con un mensaje artístico más profundo, más personal y más representativo de todo lo que he aprendido durante este camino.

En los últimos años hemos visto la explosión del hard techno y una subida generalizada de BPM en clubes y festivales. ¿Te ha despertado las ganas de volver a sonidos más extremos?

En realidad, yo nunca he abandonado el techno. Lo que ocurrió es que durante algunos años decidí tomar cierta distancia de una determinada forma de entenderlo. Nunca me he identificado con un techno excesivamente duro o agresivo. No es un sonido que me represente ni algo que sienta realmente mío. Por eso preferí esperar, mantenerme fiel a mi visión y regresar únicamente cuando sintiera que podía hacerlo de una manera auténtica, con un techno que realmente conectara conmigo.

Si pienso en los últimos años, probablemente la sesión más intensa que he hecho fue el cierre de Monegros en 2024. Y tengo que decir que fue uno de los momentos más icónicos e inolvidables de toda mi carrera. Ver miles y miles de personas frente a mí, bajo el sol del desierto a las diez de la mañana, fue algo difícil de describir. Había una energía de rave auténtica, una sensación de libertad y conexión colectiva que me impactó profundamente. En ese contexto me sentí inspirado para subir los BPM, aportar algo más de intensidad y explorar un sonido más contundente de lo habitual.

Pero incluso entonces lo hice de una manera muy natural, siguiendo únicamente lo que sentía en ese momento. Nunca ha sido una cuestión de seguir tendencias o de adaptarme a lo que otros esperan de mí. Siempre ha sido una cuestión de emociones. Y precisamente ahora siento que estamos viviendo un momento muy interesante para la evolución del techno. Hay artistas extraordinarios que están recuperando una visión más hipnótica, más profunda y más emocional del género. Un techno que no necesita ser necesariamente duro para tener fuerza, personalidad y capacidad de conectar con la gente.

Eso me entusiasma mucho y me motiva a seguir explorando esa faceta en mis sets. De hecho, ya lo estoy haciendo cada vez más y disfruto enormemente de ello. Pero, al mismo tiempo, siempre digo lo mismo: Ibiza es Ibiza. La isla tiene una energía propia, una identidad única y una vibración completamente diferente. Por eso mi relación musical con Ibiza seguirá siendo algo especial, algo que vive en un espacio propio dentro de todo lo que
hago como artista.

¿Cómo observas esta nueva escena? ¿Crees que es una evolución natural del techno o una tendencia generacional?

Depende mucho de cómo se plantee la conversación. Porque, para mí, el techno verdadero es una cosa muy concreta. Después existen muchos otros estilos y corrientes que hoy en día suelen agruparse bajo la misma etiqueta, pero que en realidad tienen identidades muy diferentes. Cuando hablamos de hard techno, trance o progressive, estamos hablando de universos musicales distintos. Todos pueden convivir, influenciarse y compartir espacios, pero para mí no son exactamente la misma cosa.

Dicho esto, veo todo lo que está ocurriendo de una forma positiva. La música evoluciona constantemente y cada generación aporta nuevas ideas, nuevas energías y nuevas formas de conectar con el público. Eso siempre es algo valioso. Mi única regla es ser fiel a mí mismo. No puedo hacer algo que no siento de verdad. Necesito creer en la música que pincho y en la música que produzco. Si no existe esa conexión emocional, simplemente no funciona para mí.

Pero al mismo tiempo respeto profundamente a todos los artistas que están construyendo sus propios caminos y aportando su visión a la escena. Cada uno tiene su lenguaje, su historia y su forma de expresarse. Y precisamente por eso me entusiasma mucho lo que está ocurriendo actualmente con una nueva generación de artistas que está recuperando una visión más profunda, hipnótica y auténtica del techno. Un sonido que conecta con la esencia del género y que, personalmente, me inspira muchísimo.

Creo que estamos viviendo un momento muy interesante y tengo mucha curiosidad por ver hacia dónde evolucionará todo en los próximos años. Lo que está claro es que la música nunca deja de transformarse, y eso es precisamente lo que la mantiene viva.

Una de las señas de identidad de tu carrera han sido los sets maratonianos en lugares como Sunwaves o Space Miami. ¿Qué te permite expresar una sesión de diez o doce horas que no puedes transmitir en un set convencional?

Para mí, la filosofía de una maratón va mucho más allá de simplemente pinchar durante muchas horas. Una maratón significa conocimiento: conocer mucha música, escuchar mucha música y saber cómo construir un viaje que tenga sentido de principio a fin.

Lo más importante es llevar al público a través de una evolución natural. No creo en los cambios bruscos o extremos que rompen la narrativa. En una maratón, la gente tiene que poder seguir el recorrido, sentir cómo la historia avanza poco a poco, sin perder nunca la conexión con lo que está sucediendo. Mi visión personal de una maratón siempre se basa en eso: una evolución constante, cuidando los BPM, subiendo o bajando la intensidad cuando es necesario, mezclando estilos que dialogan entre sí y construyendo una progresión coherente a lo largo de las horas.

Por supuesto, cada maratón depende también del contexto y del lugar donde se desarrolla. No es lo mismo tocar en Sunwaves que en Space Miami o en Stereo Montreal. En Sunwaves, por ejemplo, la dirección musical suele girar alrededor del minimal, el tech house, el house, los sonidos dub y los grooves más profundos. Todo está orientado hacia una experiencia muy hipnótica y orgánica.

En Space Miami también existe esa libertad para desarrollar un viaje largo, aunque permitiéndote abrir un poco más el abanico de géneros y explorar diferentes direcciones musicales. Y luego están las maratones en las que he ido evolucionando progresivamente hasta llegar al techno, como ocurrió en Stereo Montreal.

Nunca olvidaré tampoco mi primera maratón de doce horas, que tuvo lugar en Nápoles, en el legendario club Metropolis. Aquella noche comencé con un sonido minimal más oscuro, fui incorporando elementos de tech house y, poco a poco, desarrollé una evolución que me llevó hacia el techno durante gran parte de la sesión.

Recuerdo que fueron ocho, nueve o incluso diez horas construyendo una línea de techno elegante y progresiva, sin necesidad de recurrir a una dureza excesiva. Era una época distinta; estamos hablando de 2012 o 2013, y al final de la noche probablemente no superábamos los 134 BPM.

Pero precisamente ahí estaba la magia: no se trataba de velocidad ni de intensidad, sino de saber construir una historia que mantuviera viva la atención, la emoción y la conexión del público durante doce horas seguidas.

Eso es, para mí, una verdadera maratón.

Julio de 2026 ya suma 18 actuaciones confirmadas para ti. ¿Cómo consigues mantener la inspiración, la preparación y la energía con un calendario tan exigente?

Normalmente concentro muchas fechas durante el verano europeo. En ese periodo intento mantenerme sobre todo en Europa y no viajar tanto a América o Asia. Julio y agosto son, sin duda, los meses más intensos del año para mí.

Pero creo que el año que viene voy a reducir bastante el número de fechas. Quiero centrarme más en la calidad, en elevar todavía más el nivel de cada show y también en tener más tiempo para mí. El año que viene cumpliré 40 años y, además, este año se cumplen 20 años desde que empezó oficialmente mi carrera. Han sido dos décadas sin parar, viajando, pinchando, produciendo y creciendo como artista.

Ahora siento que estoy entrando en una etapa distinta. Tengo muchas ganas de producir más y, de hecho, estoy produciendo muchísimo. Creo que ahora mismo tengo alrededor de 40 temas terminados. Algunos ya sé dónde van a salir, otros todavía no, pero quiero tomarme el tiempo necesario para pensar bien cada decisión.

Siento que necesito espacio para razonar, para ordenar todo lo que estoy creando y para darle a cada proyecto el lugar que merece. No quiero hacer las cosas con prisa. Quiero vivir esta nueva etapa con más conciencia, más calma y más calidad.

2026 marca tu regreso a Amnesia después de una temporada en Hï Ibiza. ¿Cómo se produjo ese regreso?

Nos sentamos todos alrededor de una mesa y llegamos a la conclusión de que esta situación podía resolverse de una manera tranquila, respetuosa y pacífica.

La verdad es que fue algo muy natural. Creo firmemente que las cosas en la vida suceden cuando tienen que suceder y de la forma en que tienen que suceder. A veces no hace falta forzar nada; simplemente llega el momento adecuado y todo encuentra su lugar.

Por respeto a todas las personas implicadas, no voy a entrar en detalles. Siempre he intentado actuar desde el respeto y la gratitud hacia quienes me han dado la oportunidad de expresarme y desarrollar mi carrera.

Por eso puedo decir que todo ocurrió de forma muy orgánica. No hubo conflictos ni grandes esfuerzos para que sucediera. Simplemente fue un proceso natural que se dio en el momento correcto, y estoy agradecido de que así fuera.

Has inaugurado la temporada de Amnesia con una imagen muy emotiva: lágrimas, emoción y una conexión evidente con el público. Ahora que ha pasado un mes, ¿cómo recuerdas aquel momento?

Ha sido uno de esos momentos que nunca olvidaré en la vida. Fue una mezcla de emociones muy difícil de describir, porque para mí significaba mucho más que una actuación. Representaba la posibilidad de volver al lugar que mejor simboliza todo lo que amo de Ibiza: la conexión con la pista, con la gente, con esa energía única que se crea cuando la música une a todos, ya sea delante de la cabina o en cualquier rincón del club.

Mi regreso allí tuvo un significado muy profundo. También por todo lo que representa Amnesia para mí y por la relación que he construido durante tantos años con sus propietarios, con el equipo y con todas las personas que trabajan allí. Siempre los he sentido como una familia, y volver a encontrarme con todos ellos fue algo muy especial.

De alguna manera, fue como el regreso del hijo pródigo a casa. Así lo sentí. Fue una sensación difícil de explicar, pero absolutamente increíble.

Y entonces ocurrió algo que me emocionó aún más. De repente aparecieron en la pista máscaras con mi cara, mensajes de los fans y una enorme pancarta que decía “Welcome Back Home”. Ver aquello frente a mí fue algo que me llegó directamente al corazón.

Recuerdo también que sonaba “I Feel For You” y que, en ese instante, todas las emociones se juntaron de golpe. La música, la gente, los recuerdos, el significado de ese regreso… todo formó parte de un mismo momento.

No pude evitar emocionarme. Se me llenaron los ojos de lágrimas porque sentí un cariño inmenso y una conexión muy profunda con todas las personas que estaban allí. Fue un día extremadamente importante para mí. Uno de esos momentos que te recuerdan por qué empezaste este camino y por qué sigues haciéndolo después de tantos años.

Y, sobre todo, fue una experiencia que me recargó de energía, ilusión y motivación para todo lo que está por venir.

 

Después de tantos años, ¿qué hace que Metamorfosi siga teniendo sentido para ti como residencia semanal en Ibiza?

Metamorfosi es, precisamente como indica su nombre, una transformación. Es la representación de mi propia evolución personal y artística, pero también de la evolución de Ibiza y de todo lo que he vivido junto a la isla durante estos años.

Sin embargo, hay algo que nunca cambia: la autenticidad. La necesidad de ser fiel a las emociones, a las vibraciones y a aquello que realmente quiero transmitir a través de la música.

A nivel musical, Metamorfosi también refleja esa evolución. Contamos con dos espacios muy diferenciados, cada uno con una identidad propia. La Terraza representa una energía profundamente ibicenca, donde conviven el groove, el house, el tech house y los sonidos minimalistas que forman parte de la esencia de la isla. Por otro lado, el Main Room nos permite explorar una dimensión más orientada al techno, con una identidad sonora diferente pero totalmente complementaria.

Este año, además, contamos con un cartel por el que siento un enorme respeto. Hay artistas extraordinarios que están impulsando una nueva etapa para el techno, recuperando su esencia más profunda, hipnótica y auténtica. Verlos formar parte de Metamorfosi es algo que me hace sentir profundamente agradecido.

Pero más allá de la música, Metamorfosi representa algo mucho más importante para mí. Representa años de esfuerzo, de perseverancia y de creer en una visión incluso en los momentos más difíciles. Es el resultado de seguir luchando por una misión muy sencilla y, al mismo tiempo, muy poderosa: hacer bailar a la gente y hacerla feliz.

Porque al final eso es lo que realmente importa.

En Amnesia y en Metamorfosi no existen diferencias. No importa de dónde vienes, cuál es tu profesión o tu condición social. Cuando se apagan las luces y empieza la música, todos compartimos el mismo espacio, la misma emoción y la misma energía.

Y esa sensación de unidad, de libertad y de igualdad es, para mí, la verdadera esencia de todo lo que hacemos.

Detrás de una residencia hay mucho más que música: planificación, producción, equipo humano, decisiones constantes… ¿Cómo ha cambiado tu visión de este proyecto desde la primera edición hasta hoy?

Sin duda, detrás de todo esto hay muchísimo trabajo. Muchísimo más de lo que muchas veces la gente imagina.

Además, como la visión de la marca nació de mí y sigue siendo una extensión muy personal de quién soy, siento la necesidad de estar involucrado en cada detalle importante. Me gusta estar presente, aportar ideas y asegurarme de que todo refleje realmente aquello en lo que creo. Eso implica dedicar mucho tiempo y mucha energía. Pero también es algo que hago con pasión porque forma parte de mi identidad.

Afortunadamente, con el paso de los años el equipo ha ido creciendo y fortaleciéndose. Hoy contamos con personas extraordinarias que comparten la misma visión y eso nos permite seguir evolucionando y mejorando constantemente.

Quizá una de las lecciones más importantes que estoy aprendiendo con la madurez es precisamente la capacidad de relativizar las cosas. Entender que los problemas forman parte del camino y que, aunque en un momento determinado puedan parecer enormes, casi nunca son el fin del mundo. Siempre he sido una persona muy emocional. Vivo todo con mucha intensidad porque amo profundamente lo que hago. Y precisamente por eso, durante mucho tiempo tendía a preocuparme demasiado cuando algo no salía exactamente como esperaba.

Ahora estoy aprendiendo a gestionar todo de una manera más equilibrada. A confiar más en los procesos, en las personas que me rodean y en el tiempo.

Sigo teniendo la misma pasión y el mismo compromiso de siempre, pero intento que las cosas fluyan con más naturalidad. Y creo que esa tranquilidad también me está ayudando a disfrutar mucho más de cada etapa del camino.

Cuando termina una noche de Metamorfosi y todo ha salido perfecto, ¿qué hace Joseph Capriati? ¿Cómo celebras esos momentos?

La verdad es que sigo siendo el mismo de siempre. Cuando termino una fiesta y vuelvo a casa, todavía siento toda esa adrenalina recorriéndome el cuerpo. Es una sensación muy intensa, pero también he aprendido algo importante con los años: la adrenalina hay que saber gestionarla.

En el pasado vivía esos momentos de una forma mucho más extrema. Pasaba del cero al cien y del cien al cero con demasiada facilidad. Después de un gran momento llegaba un bajón muy fuerte, y con el tiempo entendí que ese tipo de dinámicas pueden ser muy peligrosas para el equilibrio emocional y la salud mental.

Por suerte, en los últimos años he dado pasos de gigante en ese aspecto. He aprendido a vivir estas emociones de una manera mucho más sana y equilibrada. Hoy sigo sintiendo la misma pasión y la misma emoción, pero intento observarlo todo desde una perspectiva más positiva y consciente. Y, sinceramente, tampoco soy una persona que celebre demasiado los éxitos. No lo vivo así.

Cuando termina una noche, lo que hago es agradecer. Pienso en la gente que estaba en la pista, en las emociones compartidas, en los momentos especiales que se crearon a través de la música. Muchas veces vuelvo a escuchar grabaciones de mis sets, analizo los temas que he puesto y reflexiono sobre cómo puedo seguir mejorando.

Mi verdadera obsesión sigue siendo la música. Siempre estoy pensando en cómo evolucionar, cómo aprender y cómo ofrecer algo mejor la próxima vez. Por supuesto, cuando termina una temporada puede haber una celebración compartida con el equipo, con los socios o con todas las personas que forman parte del proyecto. Pero, a nivel personal, no siento la necesidad de celebrar grandes logros.

Lo que siento es gratitud. Gratitud hacia el público, hacia la música y hacia la posibilidad de seguir haciendo lo que amo después de tantos años.

Después de tantos años viajando por el mundo, ¿qué sigue emocionándote de subir a una cabina?

Todo cambia en el momento en que subo a una cabina. Es una sensación muy difícil de explicar con palabras, porque entro en un estado mental completamente distinto. De repente, todo lo que ocurre a mi alrededor desaparece. Ya no veo nada más. No pienso en nada más. Solo existen la música, la pista y las personas que están compartiendo ese momento conmigo.

Es un nivel de concentración absoluto. Durante los primeros minutos estoy completamente enfocado. Escucho cada detalle, observo cada reacción y trato de entender la energía de la sala. Después de los primeros temas, poco a poco empiezo a relajarme y todo comienza a fluir de una manera más natural.

Pero antes de cada sesión sigue existiendo una gran presión. Todavía hoy, después de tantos años de carrera, siento nervios antes de actuar. Siempre hay una cierta ansiedad, una mezcla de responsabilidad, emoción y respeto por lo que va a suceder. Cada vez que subo a una cabina siento que tengo que volver a demostrar quién soy a través de la música.

La diferencia es que con los años aprendes a convivir con esas emociones. La madurez te enseña a gestionarlas mejor, a no dejar que te dominen y a transformarlas en energía positiva. Pero siguen ahí. Y, sinceramente, me alegra que sigan ahí. Porque creo que el día que deje de sentir esos nervios, esa emoción y ese respeto antes de tocar, significará que algo importante se ha perdido por el camino.

Para mí, esas sensaciones siguen siendo una prueba de que amo profundamente lo que hago. Y después de tantos años, continúan recordándome por qué me enamoré de la música la primera vez.

¿Cómo te gustaría que se recordará la carrera de Joseph Capriati dentro de veinte años?

Me gustaría que se me recordara, ante todo, como una persona que ha creado momentos positivos para los demás. No solo como un DJ o como un artista, sino también como un ser humano que siempre ha intentado compartir algo auténtico a través de la música. Alguien que ha subido a una cabina y ha pinchado siempre con el corazón, guiado por las emociones y por el deseo sincero de conectar con las personas.

También me gustaría que se recordara que, incluso en los momentos más difíciles, nunca dejé de darlo todo. Porque detrás del artista siempre ha existido una persona, y como cualquier ser humano, yo también he atravesado etapas complicadas a nivel personal. Ha habido momentos muy duros, momentos de lucha y de fragilidad. Pero incluso entonces, cuando llegaba el momento de subir a una cabina, siempre intentaba entregarme por completo.

Y creo que el público lo ha percibido. Siempre he sentido que existe una conexión muy honesta con las personas que me siguen y que, de alguna manera, han acompañado también mi evolución humana, no solo mi evolución artística. Hoy, además, puedo decir que me encuentro en uno de los mejores momentos personales de mi vida. Me siento en paz, agradecido y más conectado conmigo mismo que en muchos años. Y quizás esa serenidad también se refleja en la música y en la energía que comparto con la gente.

Si dentro de veinte años alguien recuerda esta etapa, me gustaría pensar que no solo recordará los sets, las fiestas o los discos, sino también las emociones que vivimos juntos. Me gustaría que nuevas generaciones descubrieran mi música y sintieran las mismas ganas de bailar, de compartir y de celebrar la vida que sentimos nosotros. Y hay algo más en lo que creo profundamente.

Creo que la música es un regalo de Dios. Esa es mi forma de entenderla. Pienso que cuando una persona tiene la capacidad de transmitir emociones a través de la música, está recibiendo un don muy especial que debe cuidar, respetar y compartir. Por eso siempre he sentido una enorme responsabilidad hacia ella. Y si existe algo después de esta vida, si realmente hay otro lugar al que iremos algún día, me gusta pensar que todas estas vibraciones, todas estas emociones y toda esta energía que hemos compartido aquí no desaparecerán.

Me gusta creer que, de alguna manera, volveremos a encontrarnos a través de ellas. Porque las canciones terminan, las noches terminan y las vidas también terminan. Pero las emociones que hemos sido capaces de crear juntos permanecen para siempre.

Voy a nombrarte diez artistas importantes en tu carrera. Quiero que me los definas con una palabra o una cualidad que los represente mejor que nadie.

  • Carl Cox: El DJ de los DJs.
  • Adam Beyer: gran referente.
  • Dave Clarke: Autenticidad.
  • Damian Lazarus: Visionario.
  • Josh Baker: Frescura.
  • Seth Troxler: Innovador.
  • Jamie Jones: muy grande.
  • Richie Hawtin: Innovación y visión.
  • Jeff Mills: de otro planeta.
  • Laurent Garnier: gran inspiración.

Joseph, gracias por compartir este rato con Fiesta&Bullshit. Nos vemos este verano en Ibiza.