¿QUÉ TIENE EN CUENTA EL PORTERO DE BERGHAIN PARA DECIDIR QUIÉN ENTRA Y QUIÉN NO?
La puerta de Berghain forma parte de la leyenda del club casi tanto como su música. Durante años, miles de personas han intentado descifrar qué hay que hacer o cómo hay que vestir para conseguir entrar en uno de los templos del techno más conocidos de Berlín. Sin embargo, Sven Marquardt, histórico jefe de porteros del local, insiste en que no existe una fórmula secreta.
La decisión sobre quién cruza la puerta es, en gran medida, subjetiva. Además, no todos los trabajadores del acceso tienen autoridad para tomarla: únicamente un reducido grupo de miembros de su equipo puede decidir quién entra y quién se queda fuera.
Más que seguir una lista de requisitos concretos, la selección tiene como objetivo preservar el ambiente que caracteriza al club. Para Marquardt, controlar el acceso no consiste simplemente en filtrar al público, sino en proteger lo que ocurre una vez cerradas las puertas.
“Siento que tengo la responsabilidad de hacer de Berghain un lugar seguro para quienes vienen únicamente a disfrutar de la música”, explica.
El portero vincula esa responsabilidad con la libertad que el club quiere ofrecer a quienes acuden a bailar y celebrar. La intención es que, durante unas horas, las personas puedan desconectar del exterior, perder la noción del tiempo y dejarse llevar por la música sin sentirse observadas ni condicionadas.
Ese planteamiento ayuda también a entender por qué el acceso a Berghain se ha convertido en uno de los aspectos más comentados del club. La decisión que se toma en apenas unos segundos frente a la puerta termina influyendo directamente en la atmósfera que se vive dentro.
Después de años de teorías, consejos y supuestos trucos para superar la selección, las palabras de Marquardt apuntan a una realidad mucho más sencilla y, al mismo tiempo, más difícil de predecir: no hay un código infalible para entrar en Berghain.


