TIME LOST:

CUANDO EL ALGORITMO NO MANDA: ¿SE PUEDEN LLENAR SHOWS SIN OBSESIÓN POR LAS REDES?.

Durante los últimos años se ha instalado una idea casi incuestionable en la industria musical: si no publicas, no existes. Historias diarias, reels constantes, anuncios y presencia permanente en redes parecen haberse convertido en una obligación para vender entradas. Pero algunos ejemplos recientes están demostrando que no siempre es así.

Cada vez más artistas llenan salas y recintos sin anunciarlo a bombo y platillo, sin campañas agresivas y, en algunos casos, sin apenas actividad en redes sociales. Lo que empuja al público a comprar una entrada no es el algoritmo, sino algo mucho más simple y, a la vez, más difícil de construir: confianza, trayectoria y una conexión real con la música. En definitiva, lo que siempre ha unido a artistas y público.

Un caso comentado hace unos días es el de Bad Bunny, que explicó públicamente que decidió no promocionar en su redes sociales sus conciertos en Ciudad de México. A pesar de ello, todas las fechas se agotaron, reforzando la idea de que una carrera consolidada y una conexión real con el público pueden pesar más que cualquier campaña en redes.

Este fenómeno no se limita al pop o al urbano. En la música electrónica también se repite. Por ejemplo, el productor británico Fred again.. agotó recientemente todas las entradas de su actuación en CDMX en apenas cinco minutos, sin anuncios masivos ni contenido previo en sus redes sociales.

Aquí creemos que reducir la exposición constante y poner el foco en la experiencia en directo ayuda a construir coherencia artística y una relación más sólida con la audiencia. Esto nos plantea una pregunta clave para la escena actual: ¿las redes sociales son una herramienta o se han convertido en una dependencia innecesaria cuando la música habla por sí sola?