SIRAT, LA PELÍCULA QUE LLEVA LA ESCENA RAVE AL CINE Y HA CONSEGUIDO DOS NOMINACIONES A LOS OSCAR.
La música electrónica ocupa un lugar central en Sirat, la nueva película de Oliver Laxe, que ha situado la cultura rave en el foco del cine internacional. Tras su estreno en el Festival de Cannes, donde obtuvo el Premio del Jurado, el film suma ahora dos nominaciones a los Oscar, confirmando su impacto más allá del circuito del cine de autor.
El film propone una experiencia sensorial donde el techno marca el pulso narrativo. Ambientada en un entorno desértico, Sirat sigue a un padre y su hijo que se adentran en una rave para buscar a una joven desaparecida, en un viaje que combina misterio, tensión emocional y una inmersión total en la música electrónica. Sirat incorpora esa rave real como uno de sus momentos más significativos. La secuencia, filmada al amanecer en pleno desierto, muestra cuerpos exhaustos que siguen bailando al ritmo de un techno contundente, alejándose de cualquier representación idealizada de la fiesta. La electrónica aparece aquí como experiencia física y colectiva, ligada al esfuerzo, al cansancio y a la resistencia del cuerpo.
Uno de los aspectos más destacados de Sirat es su tratamiento del sonido. La banda sonora, construida a partir de techno contundente y atmósferas hipnóticas, no acompaña la acción: la guía. El ritmo repetitivo, los graves persistentes y la intensidad física de la música funcionan como un lenguaje propio que define el tono del film y condiciona la experiencia del espectador. Refuerzan la sensación de inmersión, convirtiendo el sonido en un elemento narrativo tan relevante como el paisaje o los personajes.
Lejos de una mirada estética o idealizada de la rave, la película muestra el baile como resistencia, agotamiento y comunión colectiva. Los cuerpos se mueven al límite en un espacio hostil, donde la música se convierte en refugio, pero también en confrontación.
Lejos de los estereotipos asociados históricamente a la cultura rave, Sirat evita el enfoque sensacionalista y propone una mirada sobria y casi ritual sobre la electrónica. El baile se presenta como un acto de comunión, una forma de crear comunidad en un entorno hostil y transitorio, donde el individuo se diluye en el grupo.
La película dialoga así con un momento de creciente reconocimiento cultural de la música electrónica, que empieza a ser entendida como un lenguaje artístico con capacidad de generar discursos propios. Sin caer en la reivindicación explícita, Sirat contribuye a normalizar su presencia en el cine como algo más que un recurso estético o generacional. En los últimos meses, este cambio de mirada se ha hecho visible también a nivel institucional: Francia ha impulsado el reconocimiento de la música electrónica como Patrimonio Cultural Inmaterial, un paso previo a su inscripción en la UNESCO.
En España, el giro ha llegado con la concesión de la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes al DJ Oscar Mulero, el primer reconocimiento de este tipo al techno por parte del Gobierno, en una línea que conecta con la consagración de la escena techno de Berlín como patrimonio inmaterial en 2024.
Con su aproximación austera y sensorial, el film de Laxe establece un puente entre el cine de autor y una cultura musical tradicionalmente situada en los márgenes. Un cruce de caminos donde el techno no solo se escucha, sino que se siente y se convierte en parte esencial del relato cinematográfico.

