VICE IS BROKE, EL ASCENSO Y CAÍDA DEL IMPERIO MEDIÁTICO.
Vice nació en los años noventa como un fanzine alternativo en Canadá, cuando Vice era poco más que una publicación underground con una voz irreverente y sin miedo a incomodar. Ese enfoque, precisamente, fue el que le permitió conectar con una generación que no se veía reflejada en los medios tradicionales, convirtiéndola en un fenómeno cultural que pronto traspasó fronteras.
Ahora, el documental VICE IS BROKE, dirigido por Eddie Huang se adentra en la historia de Vice Media con una mirada cercana y crítica, alejándose del relato idealizado que durante años ha rodeado a la compañía.
Vice tuvo una expansión meteórica que no se esperaban. La revista creció hasta convertirse en un gigante global del contenido digital, con presencia en múltiples países, acuerdos con grandes marcas y el respaldo de inversores que elevaron su valoración a cifras millonarias. Durante ese periodo, la compañía se consolidó como una referencia en el periodismo joven, explorando formatos innovadores y apostando por historias que otros medios no estaban contando.
Sin embargo, el documental deja claro que ese crecimiento no fue tan sólido como parecía desde fuera.
A medida que la estructura se hacía más grande, también lo hacían sus problemas: las tensiones internas, la presión por generar beneficios y una identidad editorial que empezó a diluirse con la entrada de capital externo. La película recoge testimonios que apuntan a decisiones empresariales erráticas, dificultades financieras y un entorno laboral cada vez más inestable, factores que fueron erosionando el proyecto desde dentro.
Lo que en su momento fue visto como un modelo de éxito comenzó a mostrar grietas difíciles de ignorar.
El desenlace lo sabemos: la bancarrota de la compañía, un golpe que marcó un antes y un después en la industria de los medios digitales. Pero el documental invita a reflexionar sobre lo que representa el caso de Vice en un contexto más amplio. La historia funciona casi como una advertencia sobre los riesgos de crecer demasiado rápido y de intentar convertir una identidad cultural en un producto escalable sin perder su esencia.
Más allá de la nostalgia, VICE IS BROKE deja una sensación clara: la de un proyecto que logró cambiar la forma de contar historias y conectar con el público, pero que no supo sostener ese éxito en el tiempo.


