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CUANDO LLEGUE EL APOCALIPSIS NUCLEAR SOLO SOBREVIVIRÁN LAS CUCARACHAS Y LOS PERIODISTAS ELECTRÓNICOS NACIONALES

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Hace un par de noches tuve un sueño terrorífico. Vivía en una realidad paralela en la que era un miembro respetable de la sociedad, un adulto con una vida encarrilada, con un puesto de trabajo serio y muy bien remunerado, con una casa con jardín en las afueras, con un Cayenne en el garaje y con una familia envidiable, equilibrada y feliz. Desayunaba con el Financial Times, escuchaba a Carlos Alsina en la elíptica, almorzaba en restaurantes asiáticos de diseño y antes de acostarme, tras una sesión para fortalecer el core, me aplicaba una mascarilla de placenta de nutria para fortalecer mi cutis. Lo terrorífico del sueño no era ese estilo de vida…, aunque un poco sí, lo terrorífico del sueño sucedió en el traslado de uno de mis hijos imaginarios a la escuela. Parados en un semáforo le pregunté: “¿Qué quieres ser de mayor?” El niño no respondió de inmediato, parecía que le diera vergüenza confesar su vocación. Así que insistí, le di un ligero y cariñoso empujón en el hombro y le pregunté de nuevo: “Vamos no seas tímido, ¿qué quieres ser de mayor?” El chaval tardó unos segundos en romper sus miedos y al final se arrancó: “La verdad, es que me gustaría ser muchas cosas. Pero lo que más deseo en el mundo, lo que más me gustaría del mundo es ser periodista electrónico…, aquí, en España.”

Me desperté empapado en sudor, mirando hacia ambos lados, comprobando que había vuelto a la realidad, al dormitorio de mi humilde piso, y que afortunadamente para mi angustia existencial y para mi pelo, no había ningún hijo correteando por el que debiera preocuparme. No creo que aquel sobresalto nocturno fuera por el tema de la paternidad en sí, estoy seguro que fue la respuesta del niño la que convirtió un sueño estándar de Ciudadanos en una pesadilla. Ya que yo mejor que nadie, conocía el futuro que le esperaba si su deseo se hacía realidad. Porque para ser y sobre todo para sobrevivir en el mundo del periodismo clubbing, debes poseer algún tipo de tara genética que te empuje desesperadamente a combatir molinos de viento y a luchar contra lo imposible. De otra forma no puede explicarse esa actitud resiliente ante la precariedad laboral, los pírricos emolumentos y la ausencia absoluta de reconocimiento por el trabajo realizado. ¿Quién desearía algo así para su hijo?

La concepción clásica del negocio de la comunicación desapareció con la llegada de la era de internet. Todas las fórmulas aplicadas quedaron obsoletas y lo que entendemos ahora por periodismo no es más que una estrella muerta que aún muestra su luz a millones de kilómetros, pero que tarde o temprano se apagará definitivamente. El negocio tradicional de la prensa era muy sencillo, se obtenían ganancias vendiendo información a la gente y cobrando a empresas por la cesión de espacios publicitarios. Cuando internet entró en la ecuación destrozó el sistema, el coto privado de los medios desapareció y en su lugar quedó un canal de comunicación sin límites, en el que cualquiera tenía acceso para informarse de lo que quisiera. Y gratis, el receptor de la información ya no se veía forzado a realizar una transacción, simplemente pinchar un link en un buscador. Evidentemente las empresas que invertían gran parte de su presupuesto publicitario en prensa, tuvieron que modificar sus números y adaptarse a una nueva realidad en la que el escaparate digital era mucho más atractivo y eficiente. Hoy en día, la mayor parte de la prensa en general vive de las subvenciones públicas y de migajas publicitarias de empresas que aún tienen una visión nostálgica del sector. Si las cosas están chungas en la prensa generalista, os podéis imaginar cómo deben estar en la prensa que trata asuntos más específicos como la música electrónica o la cultura clubbing. Pese a este panorama desolador, aún existen Quijotes montando Rocinantes que luchan por un sueño mucho más dulce y atractivo que la realidad del día a día.

Otro factor que alimenta el mito del gusto por el masoquismo de los periodistas electrónicos, es el de los palos. No hay duda, vivimos en una sociedad donde dar palos y ostias sin control se ha convertido en un deporte de masas. Pero es que el mundillo clubbing es especial, posiblemente sea uno de los que más reparte, debido entre otros motivos a la gran cantidad de estilos que lo forman y las absurdas luchas entre ellos. Techno, house, edm, trance, hardstyle, tech house, deep house, minimal, acid, acid house, ambient, breakbeat, dubstep, Drum»n»bass…., me podría pasar así todo el día y no acabaría nunca debido al infinito número de variantes, géneros y subgéneros de la música electrónica. No existe mayor marrón para un periodista electrónico a la hora de escribir un artículo, que dudar sobre el estilo concreto de un tema o de un artista. Como te mojes y lo sitúes en una categoría, aunque la mayoría de la peña piense lo mismo, no faltarán talibanes que te acusen de ignorante y de indocumentado. A la prensa electrónica se la podría definir perfectamente como encajadora, es ella la que recibe los golpes, ya que en pocas ocasiones leeréis críticas destructivas por su parte hacia un artista y su trabajo. La prensa clubbing mantiene una actitud pacifista y de manos tendidas por un motivo de supervivencia. No penséis que los medios clubbing están formados por una panda de “Ghandis” inmaculados sin mala leche en las venas. Somos igual de canallas y cizañeros que vosotros. Pero por desgracia cuando se pone en la balanza un posible cliente y una crítica sincera, comprensiblemente lo primero es lo que prevalece. ¿Triste? Más triste es de robar.

A la prensa electrónica nacional no le va mucho peor que al resto de prensa musical. No es de extrañar, porque el panorama nacional es un constante quiero y no puedo, repleto de expertos en atajos que socavan la calidad con montañas ritmos baratos y facilones. Si lees artículos musicales de los medios llamados serios, si repasas el ensalzamiento de los C.Tangana de turno o echas un vistazo a la octogésima cuarta entrevista a Miguel Ríos, te das cuenta de que no lo estás haciendo tan mal. Porque dentro de este mundillo electrónico, puedes encontrar verdaderos profesionales y textos que si estuvieran traducidos al inglés, serían parte de la revista Rolling Stone cuando ésta tenía una pizca de credibilidad musical. A diferencia de otros países, el periodista electrónico patrio además debe luchar contra el menosprecio y la banalización del clubbing en España. En este país se ha construido una imagen deformada, una leyenda negra que reduce a la música electrónica en un himno para pastilleros e inmaduros que solo piensan en estar de fiesta. Por lo tanto si escribes sobre gente peligrosa, lo más probable es que seas uno de ellos…, y en ese momento justo, se produce la estigmatización del periodista electrónico. Da igual que hayas trabajado para empresas que facturen millones de euros, que te codees con estrellas globales de la música electrónica, que hayas sido parte de la creación de una fórmula exitosa…, si vienes de la escena clubbing las puertas de los medios generalistas se cierran de par en par.

Por estas y por muchas razones más, considero que el periodismo electrónico es un superviviente nato y los que lo llevan a cabo son seres irreductibles capaces de derribar la Muralla China a cabezazos. Esa actitud de kamikazes por la causa es lo que les hace tan valiosos para la industria clubbing. Si la industria les apoyara de verdad, los medios matarían y morirían por ella. Porque unos medios de comunicación fuertes, son un reflejo inequívoco de una escena fuerte. La prensa es la responsable de una función que suele pasar desapercibida. En una sociedad inundada de contenido, se necesita un filtro que nos permita diferenciar lo bueno de lo malo. La prensa electrónica es ese filtro, es la que despeja el terreno para que nuestro cerebro no tenga que volverse loco ante tanta información circulando descontrolada. Por desgracia la gran mayoría de la escena electrónica no lo ve así, se centra en la auto promoción a través de sus canales y no se comunica con los medios directamente, lo hace a través de agencias externas. Y aquí radica uno de los grandes problemas estructurales del clubbing español del que son responsables las dos partes, la prensa y la industria. Años de distanciamiento, de batallas estériles, de malas relaciones personales, han conseguido que los que deberían ser aliados se hayan convertido en sospechosos habituales.

Y entonces llegó el coronavirus. ¿La puntilla para la prensa electrónica? La mayoría por no decir todos los medios de comunicación clubbing están trabajando por la cara. Mientras los clubs cierran, los medios españoles especializados españoles siguen al pie del cañón. Sin ayuda, sin ingresos, sin expectativas, sin una palmadita en la espalda y rezando porque llegue el día en el que poder contar grandes noticias y no reflexiones sobre el fin del mundo. Todos y cada uno de vosotros, pese a vuestros defectos, os merecéis mi máximo respeto. Porque os desenvolvéis como nadie en un contexto ingrato, porque sois plenamente conscientes de que cuando todo esto pase, volverán a trataros como el vecino pesado que todas las semanas llama a la puerta para pedir un poco de sal. Los clubs, los festivales, los promotores y los artistas que han sido apoyados de forma absoluta por los medios durante esta pandemia y que han divulgado sus reivindicaciones sin descanso, ¿lo recordarán en 2021? ¿Harán un ejercicio de empatía con la prensa electrónica cuando las cosas vayan bien?

En un reciente estudio publicado por la Universidad de Massachusetts, se afirma que cuando llegue el apocalipsis nuclear solo sobrevivirán las cucarachas y los periodistas electrónicos españoles. Ambas especies han demostrado poseer una extraordinaria capacidad de adaptación y un talento único para superar los escenarios más adversos.

Jonatan Gutiérrez Fernández

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