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LA BRECHA SE ENSANCHA

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¿Recordáis los mensajes de ánimo edulcorados del mes de marzo y abril? Aquellas reflexiones profundas de Alicia en el País de las Maravillas que apuntaban a que la tragedia que vivíamos confinados en nuestras casas terminaría con una sociedad mejor y más unida. Bullshit. Los líderes de opinión, los profetas mediáticos, los tertulianos iluminados y la gente de buen corazón repetían hasta la saciedad este mantra que como frase motivacional pegada en las paredes de una guardería o de una parroquia podría tener sentido, pero que en la vida real no es más que maquillaje barato. La pandemia del COVID 19 nos está separando aún más, nos ha arrastrado a lo más profundo de nuestras trincheras, donde acorralados disparamos sin sentido a todo y a todos los que vayan contra nuestras convicciones. La brecha se ensancha, es un hecho contrastable. Incluso en el particular hábitat social ibicenco, la guerra soterrada entre los partidarios de la cultura clubbing y sus detractores se encuentra en su punto más álgido. Y si algo trae una guerra además de víctimas, son décadas de rencor y reproches.

Si os tomáis el tiempo de repasar los comentarios en redes sociales relacionados con lo que está ocurriendo en la isla, os daréis cuenta que las posiciones cada vez están más distanciadas y que las conclusiones de ambas partas son tajantes y excluyentes. No se adivinan terceras vías ni puntos grises desde los que poder construir una coexistencia pacífica, los dos relatos son fundamentalistas tanto en el fondo como en la forma. La lucha entre los que alaban los beneficios de la cultura clubbing y los que señalan sus perjuicios, no es nueva en Ibiza. De hecho se remonta incluso antes de la propia existencia de los clubs, cuando la sociedad tradicional ibicenca renegaba de aquellos peludos que se vestían de forma extravagante y hablaban de cosas raras y peligrosas. El ser humano es así, cuando algo nuevo y diferente entra en su vida lo rechaza por defecto, un mecanismo natural de protección. La trayectoria de la música electrónica y la cultura clubbing en Ibiza no ha sido un camino de rosas. Superando las trabas, los recelos y el rechazo de parte de la sociedad, la escena ibicenca consiguió llegar al Everest, a lo más alto que se puede aspirar. Ser un referente, ser reconocido en todo el mundo, ser copiado, emulado, imitado y sobre todo soñado, es algo de lo que pocos lugares en el mundo pueden presumir. Pese a todo esto, las críticas no han cesado y en este 2020 debido a la pandemia se han incrementado hasta niveles nunca vistos.

Como os comentaba al principio del artículo, este maldito virus no nos ha unido, al contrario, nos ha separado aún más convirtiéndonos en policías, jueces y jurados. Y la mayoría de la sociedad luciendo sus mejores togas,  ya ha encontrado un culpable de todos nuestros males: El malvado ocio nocturno. No estoy de acuerdo que la cultura clubbing y la música electrónica sean ocio nocturno per se, creo sinceramente que el clubbing va más allá de una franja horaria y a un espacio concreto. Pero no vayamos a enredarnos en una cuestión semántica o conceptual, la verdad es que en la sociedad se ha instalado un rechazo a todo lo relacionado con los clubs y la música electrónica. Un sentimiento que están aprovechando los adalides de su erradicación de la isla, llenando las redes con un relato que muestra una Ibiza paradisiaca, un jardín del Edén virgen e inmaculado. Es de gente obtusa difundir mensajes asegurando que no hay riesgo si un grupo grande de personas se reúnen para una fiesta, pero es cruel y descorazonador leer a gente feliz de la vida con la situación actual de la isla. Y no es solo cruel porque se alegren de que miles de personas se queden sin trabajo y sin ingresos, sobre todo es cruel y despiadado porque hemos llegado a esta situación con más de 40.000 muertos a nuestras espaldas. Sin esos 40.000 muertos, los que hoy se alegran por el cierre de los clubs, estarían inmersos en su absurda cruzada. Pero lo más triste es que semanalmente, nos encontramos con artículos de opinión en diarios locales alimentando esta locura y congratulándose de vivir en un contexto de “paz y tranquilidad”. ¡Por amor de Dios! ¡No os dais cuenta de que cada vez que pasáis enfrente de un club cerrado y esbozáis una sonrisa os estáis alegrando de un cierre causado porque en el mundo hay cientos de miles de víctimas y de familias rotas de dolor!

Por parte del otro bando, de la escena clubbing, tampoco se están haciendo las cosas bien. Entiendo el dolor, la falta de ingresos, la incertidumbre laboral, lo entiendo igual que vosotros, soy uno de los vuestros y también lo estoy sufriendo. Entiendo que os sintáis los chivos expiatorios, que os rebeléis contra la injusticia de no ser tratados igual que otros sectores. Pero lo que no es de recibo que ese miedo os lleve al camino del negacionismo, de las teorías conspirativas y de la irresponsabilidad. No existe una trama política ni social que busque la desaparición de los clubs y de la música electrónica, no somos tan importantes para que las fuerzas oscuras del poder pierdan un segundo de su tiempo en nuestra causa. No os convirtáis en acólitos de iluminados caricaturescos al más puro estilo Miguel Bosé. En vez de dedicarnos a vomitar nuestra frustración con mensajes negativos, deberíamos exponer todo lo bueno que aporta la cultura clubbing, mostrar nuestro orgullo con el pecho henchido.

Hay que estrechar la brecha, es imperativo. Y para hacerlo no debemos obsesionarnos con los extremos, tenemos que aferrarnos a aquellos asuntos en los que coincidimos todos y comenzar a construir una nueva convivencia. Como parte insignificante de la industria clubbing de Ibiza, puedo asegurarles a los naturalistas que nos ven como parte del problema y que nos critican en redes, que un altísimo porcentaje de mis colegas desean una isla más tranquila, más accesible, más justa y más limpia. La gran mayoría de los que nos dedicamos a este sector amamos la isla como el que más, hemos caído en su embrujo y nos hemos convertido en adictos de su forma de vida. Los actores de la escena clubbing ibicenca apuestan por la sostenibilidad, queremos ser pioneros en este campo, queremos que nuestros clubs sean puntos de concienciación y ejemplos a seguir en el sector. Apostar por la recuperación ecológica de la isla y potenciar la cultura clubbing es perfectamente compatible, el viejo argumento de que Ibiza recuperaría su medio ambiente simplemente haciendo desaparecer los clubs ha quedado desfasado. Todos los que lleváis la bandera del ecologismo y las agitáis frente a los clubs, os equivocáis de edificios ante los que protestar. La escena clubbing puede ser vuestra mejor aliada y un altavoz potente capaz de llegar donde hoy en día no sois capaces de llegar.

Los que nos dedicamos a esto debemos asumir que nuestra situación no va a cambiar en un tiempo y que quedarse en el sofá fumando tu mejor maría, posteando en Facebook nostalgia y rabia mientras ves por sexta vez todas las temporadas de Breaking Bad, no es la solución a ninguno de nuestros problemas. Tenemos que activarnos, adaptarnos, comenzar a diseñar el futuro de la escena para que cuando la pesadilla finalice seamos un ejemplo de productividad. Porque todo a va volver, tarde o temprano los engranajes del clubbing volverán a girar. Por eso animo a los DJs, a los clubs y a los promotores a exponerse más que nunca, a crear comunidad más que nunca, a invertir más que nunca en la gente que os han hecho lo que sois hoy en día. Os necesitan.

Jonatan Gutiérrez Fernández

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