TIME LOST:

PADRE GUILHERME: «LA CULTURA CLUB NO ENTIENDE A LA IGLESIA Y LA IGLESIA NO ENTIENDE LA CULTURA CLUB. ESO ES UNA REALIDAD».

Padre Guilherme, antes de empezar, queremos decirle algo… Llevamos tiempo haciendo entrevistas para Fiesta&Bullshit y, sinceramente, pocas nos generaban tanta curiosidad como esta. No solo por quién es usted hoy, sino por todo lo que representa.

Porque, sobre el papel, un sacerdote y un DJ parecen pertenecer a mundos completamente distintos. Sin embargo, cuanto más leíamos sobre su historia, más nos dábamos cuenta de que quizá no sean tan diferentes como parecen. Por eso, más que entrevistar al «cura DJ», hoy queremos conocer a la persona. Queremos entender cómo empezó todo, en qué momento la música dejó de ser solo una afición, cómo convivieron dos vocaciones que muchos consideran incompatibles y qué ha aprendido estando frente a un altar y frente a una cabina.

Para nosotros es un auténtico placer compartir esta charla con usted..

Padre Guilherme, queremos viajar muchos años atrás. Antes de los escenarios, antes de los festivales y antes de que miles de personas conocieran su historia. Si tuviera que llevarnos al momento exacto en el que todo empezó… ¿dónde nos llevaría? ¿Quién era Guilherme antes de convertirse en sacerdote?

Antes de nada, quiero agradecer la oportunidad que me dan de compartir un poco de mi historia personal. Antes de ser sacerdote, fui un niño y adolescente como todos los demás. Somos dos hermanos, yo soy el hijo mayor y tengo una hermana más pequeña. Mi madre trabajaba en la costura, se dedicaba a hacer todo tipo de ropa: a medida, de ceremonia, vestidos de novia; y mi padre era el responsable de una sección textil, dedicada a hilar y a tejer, en una empresa en la ciudad de Guimarães. Todos decían que yo era rebelde, pero creo que en aquella época lo éramos todos. 

Para jugar teníamos que salir de casa, ir a la calle, hacíamos construcciones infantiles en el monte, y eso nos volvía, de cierto modo, un tanto rebeldes. En mi casa, en mi familia, se rezaba todos los días. Después de cenar, rezábamos a diario el Rosario y solo después veíamos la televisión. En el mes de mayo, dedicado a la Virgen María, participábamos diariamente en el rezo del rosario en la parroquia. La Misa del domingo era y es sagrada, y los días de labor, siempre que podíamos, íbamos también, por lo que la fe era y es fundamental en nuestra casa.

¿Qué lugar ocupaba la música en aquel momento? ¿Ya imaginaba una vida ligada a ella o simplemente era una pasión que le acompañaba en silencio?

En mi infancia, recuerdo hacer una batería de música con cazuelas y utensilios de cocina. Con los amigos de la calle donde nací, teníamos una especie de banda musical. Siempre me ha gustado la música, pero, por desgracia, nunca fui un buen cantante. Aun así, en el Seminario Mayor formé parte de una banda de versiones de música pop-rock durante 5 años, así como de dos grupos de música tradicional portuguesa, uno en el Seminario y otro en la Facultad de Teología. Yo tocaba la guitarra clásica. 

Es curioso, porque, a pesar de mi gran afición por la música, los seminaristas estábamos obligados a participar en los ensayos de voz en el coro, pero a mí no me gustaban nada y me aburrían. Hoy me arrepiento de no haberme esforzado un poco más en ese campo, porque me habría sido actualmente muy útil.

Hay miles de personas que descubren la música electrónica, pero muy pocas terminan dedicándole su vida. ¿Recuerda el primer artista, el primer club o el primer momento que le hizo pensar: «esto tiene algo especial»?

Si te soy sincero, no recuerdo quién fue el primer el primer artista. Te puedo decir que cuando estaba en el Seminario, con 21 o 22 años, fui al club «Pacha» que existía en la ciudad de Braga. Recuerdo haber ido allí con otros amigos del Seminario. A ellos les gustaba más la música «comercial».  Por eso, había un momento en el que querían irse, mientras que yo me quedaba encantado con aquellos sonidos electrónicos, el ambiente de la pista, y todo ello era algo completamente nuevo para mí. ¡Me quedaba deslumbrado! ¡Me alucinaba!

En algún momento decidió entregar su vida a la Iglesia. ¿Cómo fue ese proceso? ¿Hubo un instante concreto en el que sintió que ese era su camino o fue una decisión que se construyó poco a poco?

De niño tenía el sueño de ser sacerdote. Quería ser como el párroco de mi parroquia, San Dámaso, Guimarães, monseñor José María. Lo miraba en el altar y quería ser como él. Era y sigue siendo un referente en mi vocación y un buen amigo. Desde muy joven salía de casa muy temprano para hacer de monaguillo. ¡Lo que más me gustaba era estar en el altar! Lo curioso es que, cuando les dije a mis amigos que iba a entrar al Seminario, ninguno me creyó. De hecho, siempre era muy bromista con ellos porque lo de rezar era más una cosa de la familia. A los 13 años, entré al Seminario junto con otros 54 compañeros de mi misma edad. De todos ellos, únicamente 3 terminamos la carrera.

Permíteme que te cuente una gran confidencia que siempre ha marcado la historia de mi vida y que solo la supe después de ser ordenado sacerdote. Al nacer, y estando aún en el hospital, tuve una neumonía muy fuerte. La medicación no estaba haciendo efecto y mi estado de salud empeoraba día tras día. Con miedo de que yo fuera a fallecer, mis padres pidieron mi bautismo. Fui bautizado en la capilla del hospital de Guimarães pocos días después de nacer. Pero mi estado de salud seguía empeorando hasta el punto de que los médicos dijeron a mis padres que yo no pasaría de esa noche, que ya no había nada que hacer y que seguramente fallecería. Mis padres, ante esta situación, decidieron llevarme a casa y, con la familia y algunos vecinos más cercanos, pasaron la noche rezando, dándome suero fisiológico con una cuchara y mojándome los labios con una toalla con agua. No paraban de pedirle a Dios para que yo recuperara la salud. 

Es durante esa noche cuando mi madre promete que, si Dios me curaba de aquella enfermedad, me ofrecería para servir en el altar como sacerdote. Lo más increíble de esta promesa es que solo lo supe después de ser sacerdote, cuando le pregunté a mi madre la razón por la cual me habían bautizado en la capilla del hospital. Nací el 31 de julio de 1974 y fui bautizado el 18 de agosto. Los caminos de Dios son verdaderamente insondables.

Y luego ocurre algo que muy pocos podían imaginar: ese mismo sacerdote termina actuando en algunos de los festivales de música electrónica más importantes del mundo. ¿Cuándo aparece esa segunda llamada? ¿Recuerda el día en que pensó por primera vez: «voy a pinchar siendo sacerdote»?

Suelo decir que mi vocación de DJ nació en la parroquia y con la parroquia. En 2006, debido a los gastos y deudas que tenía nuestra iglesia, en lo alto de un monte y con unas vistas fantásticas, tras terminar el año de catequesis, con la gente y los jóvenes de los movimientos de la parroquia, creamos el AR DE ROCK LAÚNDOS.

En aquella época la música era de karaoke, con el grupo coral de jóvenes de la parroquia; en los descansos, con mi ordenador portátil empecé a poner música rock, pop, hip-hop, pero nada de música electrónica. Como ves, esto comenzó de una forma muy natural. A mí me entusiasmaba y los feligreses me animaban a continuar porque les gustaba ver al párroco “pinchando” música.

¿Hubo miedo? No sólo al qué dirán, sino al riesgo de que alguno de esos dos mundos no entendiera al otro.

Evidentemente, claro que lo hubo. La gran diferencia respecto a otros espacios radicaba en la misión que teníamos para aquella actividad. El espacio fue pensado para familias, para varias generaciones, no solo para jóvenes. A veces iban allí cuatro generaciones de la misma familia. ¡Era muy hermoso!

Para mí fue muy importante que mi obispo siempre me diera su apoyo total e incondicional. A veces bromeaba diciendo que en la iglesia conozco a los feligreses que iban a misa, y en el AR DE ROCK LAÚNDOS conocía a todos los demás. El ambiente era muy especial, con o sin fe, juntos en comunidad, bajo el pretexto de la música.

¿Recuerda la primera vez que actuó delante de un gran público? ¿Qué sentía mientras subía a la cabina?

La primera vez que actué ante un gran público fue en las Fiestas de San Pedro, en Póvoa de Varzim, creo que en el año 2014. Lo que sentí en ese momento fue una enorme responsabilidad y la necesidad de aprender el arte de ser DJ. Esa era una necesidad que llevaba dentro de mí desde hacía ya algunos años. 

Fue entonces cuando me matriculé en la PRO DJ SCHOOL en Oporto y comencé a formarme.

¿En algún momento pensó que aquello podía cambiar su vida para siempre?

Ese momento sucedió el 30 de diciembre de 2022, en Viana do Castelo. Ese día llegaron a la diócesis los símbolos de la Jornada Mundial de la Juventud, que tendría lugar en Lisboa en la primera semana de agosto de 2023. Cuando el padre Meira, el responsable de la Pastoral Juvenil de la Diócesis de Viana do Castelo, me invitó a tocar, rodeado de los símbolos que recorrieron el mundo y pasaron por las manos de varios Papas, sentí la necesidad de crear una música especial para aquel momento. 

Mi trabajo de producción musical surgió ahí y fue el gran punto de inflexión. Ese momento despertó la curiosidad e hizo que, más tarde, surgiera la invitación para que, en la mañana del 6 de agosto de 2023, despertara al ritmo de música electrónica a un millón y medio de jóvenes.

Estamos hablando con usted en uno de los momentos más importantes de su trayectoria. Después de cerrar el Main Stage de UNTOLD llegarán un nuevo EP y, en octubre, su primer álbum. ¿Cómo está viviendo esta etapa? ¿Qué le gustaría que la gente descubriera de usted como músico a través de estos nuevos trabajos?

Estoy viviendo un momento en el que me siento muy feliz. Además del EP dedicado al fado y con un texto original, son más de dos años trabajando en este álbum con diversos productores y artistas. Ha sido un proceso muy lento, pero muy importante en mi vida. Ha ido madurando poco a poco y trae un mensaje muy potente en torno al tema «El cuerpo» y a cómo, con nuestro cuerpo, podemos hacer tanto los unos por los otros. 

A veces oímos decir: «Si ganara la lotería haría esto por los más pobres»… Pero sin dinero, solo con lo que somos, con nuestro cuerpo y sus limitaciones, podemos hacer muchísimo. El álbum es una invitación a ser valientes y más humanos.

Desde fuera parece que la Iglesia y la cultura club viven en extremos opuestos. Usted ha demostrado que pueden convivir. ¿Qué cree que ha entendido mal cada uno sobre el otro?

Pienso que sí. La cultura club no entiende a la Iglesia y la Iglesia no entiende la cultura club. Eso es una realidad. Para mí, es muy importante que los cristianos conozcan mejor la cultura club y que los ravers conozcan mejor la Iglesia. Cuando alguien dentro de la Iglesia critica, ya he dejado de preguntar si alguna vez ha ido a una fiesta de música electrónica porque la respuesta siempre era la misma: el 99% nunca ha estado en una fiesta de música electrónica. Critican lo que no conocen. 

Y ocurre lo mismo cuando alguien en la cultura club crítica a la Iglesia. Ni se imaginan siquiera lo que es la Iglesia. Algunos se acuerdan de la época de la catequesis de niños, pero dejaron de participar en la parroquia. Es una fe que no llegó a madurar. La solución podría ser que los católicos participaran más en la cultura club y que los ravers fueran y conocieran mejor la Iglesia. Nadie ama aquello que no conoce.

Hay quien encuentra a Dios en el silencio. Otros dicen haber sentido algo parecido en medio de un festival. ¿Cree que la música también puede convertirse en una forma de experiencia espiritual?

La música, a su manera, es una experiencia espiritual. En realidad, cuando se une la música electrónica con la música sacra se crea un ambiente de introspección y meditación que ayuda a mitigar la ansiedad, creando un refugio sereno de las presiones del día a día y una sensación de bienestar. Estoy convencido de que esta conexión entre ambas proporciona además una reflexión más profunda, una mayor claridad mental, nos conecta con la cultura y las tradiciones espirituales, y ayuda a crear un sentido de pertenencia y de respeto por la herencia espiritual y cultural.

Alguna vez ha sentido que la gente conoce al «Padre DJ», pero todavía no conoce realmente a Guilherme?

Creo que sí. En los espectáculos, sé que conocen al Padre DJ, pero tal vez no se imaginen mi día a día en la parroquia y en los cuarteles del ejército donde trabajo como capellán militar. Por otro lado, en la parroquia, la preocupación ¡y con razón!, es acoger a todos, celebrar la Eucaristía y los demás sacramentos, y la vida pastoral. 

Para mis feligreses soy el padre Guilherme. Y no me molesta; al contrario, mi comunidad parroquial es mi refugio seguro al que siempre regreso para rezar y servir después de una actuación o gira.

¿Qué perjuicio le gustaría romper de una vez por todas?

La idea de que el sacerdote tiene que vestir igual, hablar igual, de que somos todos iguales. También a nosotros, los sacerdotes, Dios nos creó únicos. Lo decía san Carlo Acutis: todos nacemos originales, pero muchos mueren como fotocopias. Ahora bien, cada uno de nosotros, los sacerdotes, no debemos esconder los talentos que Dios nos ha dado ni vivir una vida con miedo a lo que los demás puedan pensar. Es como si nos enseñaran más sobre lo que no debemos hacer, en detrimento de lo que podemos y debemos hacer. 

Que un sacerdote no ponga sus talentos al servicio de los hermanos, por miedo o vergüenza de lo que otros puedan pensar o decir, es muy triste para mí.

Después de todo lo que ha vivido, ¿qué misión siente que tiene hoy? ¿La de un sacerdote, la de un DJ… o simplemente la de una persona que intenta conectar con otras personas?

Me gusta mucho cómo has formulado la pregunta. Es así, tal cual. Soy simplemente una persona que intenta conectar a personas de diferentes religiones, sin religión, con diferentes visiones sobre la vida y el mundo, pero juntas en la pista de baile, en un ambiente de comunión, fraternidad, alegría y respeto. Y si en la pista de baile conseguimos vivir así, ¿por qué no lo conseguimos en el resto de la vida y en todo el mundo? 

Es esta forma la que cada raver debe llevar consigo a su día a día y, de un modo tan sencillo y hermoso, ya está transformando este mundo en nuestra Casa Común, una casa de hermanos donde cada uno crece a su propio ritmo. Hay demasiadas guerras. No paran de aumentar, y se empeñan en no terminar. 

Quién sabe si tal vez todavía faltan más raves.

Y antes de terminar, tenemos una última pregunta… Imaginemos que dentro de treinta años alguien abre un viejo archivo y encuentra una fotografía suya en una cabina. Si esa persona solo pudiera quedarse con una idea sobre quién fue Padre Guilherme, ¿qué le gustaría que entendiera?

La tremenda felicidad que siento cuando estoy en una cabina. Creo que es una parte importante de mi misión. La felicidad de quien tiene esta certeza: Dios no nos quita nada; Dios nos lo da todo.