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LOS ÚLTIMOS FARAONES DE IBIZA

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Hace unos años escribí un artículo en una revista amiga titulado “El fin de los faraones de Ibiza”, en el que pronosticaba que el tiempo de los legendarios dueños de los clubs de Ibiza había terminado. El contexto y las noticias de 2016 apuntaban claramente a ello. Pero una vez más olvidé el poder de resistencia del ser humano y su increíble capacidad de retirarse a tiempo. Mi predicción no fue un desastre total, solo obtuve un 50% de aciertos. Urgell y Roselló, éste muy a su pesar, dieron un paso al lado y se dedicaron a disfrutar de su millonaria jubilación. Aunque su gozo no era absoluto, ya que tuvieron que ver como sus “criaturas” se convertían en algo irreconocible para sus ojos.

Debemos tener en cuenta que para estos viejos faraones sus clubs son como sus hijos, incluso más que sus hijos. Ya que cambiaron sus vidas y les permitieron acceder a un mundo de poder e influencia que nunca imaginaron poseer. Sus clubs son su orgullo, su joya más preciada, el anillo de golum al que se aferran para dar sentido a su existencia. Cuando a Urgell y a Roselló les brota una tímida lágrima al recordar su historia en Pacha y en Space, esta lágrima no proviene de la billetera, nace en lo más sincero de su corazón.

Dos faraones abandonaron las pirámides pero otros dos se aferraron a sus tronos, alguno de ellos repleto de telarañas. Si lo piensa bien era algo previsible, ya que estos dos faraones, aunque lo nieguen en rotundo, tienen mucho en común. En primer lugar ninguno heredó su posición ni fue señalado por la mano de dios. Son guerreros, siempre lo han sido, y lo que tienen lo han ganado tras mil batallas y cuchilladas varias. Si estos dos faraones hubieran vivido en la época de la conquista de América, no tengo ninguna duda que hubieran regresado del nuevo continente bañados en oro y en sangre. Porque si tuvieran que escribir un lema en sus recargados pendones que les definiera, éste sería: POR MIS COJONES. Quizá uno lo dijera en vasco y el otro en catalán, pero el contenido de la frase sería el mismo.

Los dos faraones permanecen en los salones privados de sus pirámides, desconfiados, cautelosos, enfadados, imaginando conspiraciones y complots para derrocarles. Hace tiempo que los últimos faraones dejaron de entender a sus súbditos, a pesar de los cambios por los que ha pasado la isla continúan utilizando las fórmulas que aprendieron en su juventud, las mismas formas y esa voz en su cabeza que les dice que nadie sabe más que ellos del negocio de las pirámides. Y el negocio de las pirámides ha evolucionado, se ha burocratizado con la diversificación y la creación de amplios equipos de trabajo. Algo inasumible para los últimos faraones, que prefieren tener a su lado acólitos bien pagados que asientan con la cabeza ante cualquier idea estúpida.

El tiempo de las pirámides agoniza, han quedado relegadas a un segundo plano  mientras que a su alrededor se erigen palacios de oro que ciegan a los turistas. Pero nada ni nadie conseguirá que los últimos faraones se retiren, ellos seguirán hasta el último aliento manejando sus pirámides aunque estás se caigan a trozos, obsoletas y carcomidas. ¡Larga vida a los últimos faraones! Porque cuando ellos desaparezcan, desaparecerá un periodo maravilloso y apasionante de la historia de Ibiza.

Jonathan G / Redacción

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